Miércoles, 29 de abril
NACIONALES

Tras la salida de Lavagna, la inflación de enero fue del 2,9%

Se trata de una desaceleración de cuatro décimas frente a diciembre

Luego del portazo que dio Marco Lavagna por la decisión del Gobierno de frenar la publicación de un índice de precios actualizado desde este mes, y en medio de los cuestionamientos a la credibilidad que puede enfrentar tanto el INDEC y sus estadísticas, como el proceso de desinflación, el organismo informó hoy que el IPC de enero marcó un 2,9%.

El primer número del año estuvo por encima de lo que esperaba el mercado y registró una aceleración frente al 2,8% de diciembre (es la quinta consecutiva). El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central (BCRA) entre economistas privados esperaba un 2,4% para enero.

Los factores estacionales, como pasó en territorio porteño, jugaron fuerte, sobre todo por los precios de las verduras, con alzas muy significativas. Esos valores tuvieron un alza de 5,7%. La inflación núcleo, que no los contempla ni tampoco a los regulados, subió 2,6%.

Se trata de una desaceleración de cuatro décimas frente a diciembre. Es la misma tendencia que se dio en la Ciudad. Los capítulos que mayores aumentos tuvieron fueron Alimentos y bebidas (4,7%) y Restaurantes y Hoteles (4,1%). La ropa tuvo deflación (-0,5%).

El dato fue superior al IPC porteño, que había reflejado para el mismo mes un 3,1% —apuntalado por subas superiores al 15% en estacionales, y pese a que la medida núcleo había mostrado una desaceleración de seis décimas—, pero la tendencia del promedio fue la misma: aceleración nuevamente del índice de precios.

El problema de credibilidad que surge con la publicación hoy del IPC con una metodología vieja (2004) puede, como sucedió en el pasado, forzar a los actores económicos —que no son sólo quienes tienen bonos CER, como entiende Economía— a mirar otros índices públicos o privados; además, la polémica sobre la inflación puede comenzar a filtrarse a otros indicadores, como los de pobreza, otra de las banderas de la gestión económica libertaria.

Lo único que cambió del IPC es el diseño del informe. El debate que se abre ahora entre economistas es: si se hubiera aplicado la nueva metodología, ¿la inflación hubiera dado más o menos? “La inflación finalmente fue 2,9% en enero. La paradoja es que, de acuerdo a nuestras estimaciones preliminares, con la nueva metodología hubiera dado menos (2,7%). Todo muy raro”, escribió el economista Miguel Kiguel. Equilibra estimó, en tanto, un 2,8% con el IPC nuevo. No obstante, varios especialistas creen que este fenómeno se invertirá en febrero, con el salto en tarifas.

Para este año, el Gobierno prevé una inflación de 10,1% en el proyecto de presupuesto, mientras que los economistas del REM creen que será del doble (22,4%).

“Esta dinámica de precios se da en un contexto de reacomodamiento de precios relativos y a pocos meses de que operara una fuerte caída en la demanda de dinero, que se reflejó en una dolarización acumulada en los seis meses previos a las elecciones de octubre equivalente a más de 50% del M2″, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, en un posteo en X.

“El programa económico tiene como pilares fundamentales el equilibrio fiscal, el control estricto de la cantidad de dinero y la recapitalización del BCRA. Esto permitirá que la inflación converja a niveles internacionales en nuestro país por primera vez en más de dos décadas”, cerró y evitó la polémica que lo tuvo como protagonista sobre el INDEC.

Polémica con el índice

Por decisión de Javier Milei y de Caputo, el Gobierno venía intentando que Lavagna postergara nuevamente el nuevo IPC que el Indec había anunciado oficialmente —en base a la encuesta de gastos 2017/2018— en octubre pasado, cuando se anunció el índice de precios de septiembre.

Lavagna, que ya había postergado el nuevo indicador, durante el año electoral decidió no pagar un nuevo costo y renunció. Asumió quien, hasta el momento, era director técnico, Pedro Lines, quien quería irse del organismo por los bajos sueldos pagados durante 2025.

El nuevo IPC estaba listo desde fines de 2023, pero el Fondo Monetario Internacional (FMI), que asesoró y financió al Indec, pidió que hubiera un año de base para la publicación. El indicador se atrasó luego por temas logísticos que tienen que ver con el relevamiento —se incluyeron las tablets como dispositivos— y luego por las elecciones de medio término del año pasado.

Caputo justificó la decisión oficial, que ya se había publicado en un informe monetario del Banco Central (BCRA), diciendo que “no se pueden comparar peras con manzanas”. Esto porque los ponderadores usados hoy (en base a la encuesta de gastos de 2004) fijan menos peso para los servicios, que el kirchnerismo pisó por años. En la encuesta de gastos que hizo Jorge Todesca, y que iba a actualizar el IPC, los servicios ponderan más (como en el número de la Ciudad), lo que complicaba al Gobierno. ¿Por qué? Caputo dijo públicamente que la suba de tarifas este año irá, mes a mes, por encima de la inflación, lo que generaría ruidos en las expectativas entre los actores económicos.

El ministro de Economía señaló que se haría otra encuesta de gastos porque los consumos de los argentinos habían cambiado tras la pandemia y, luego, un nuevo índice de precios. Se trata de un operativo que tardaría cuatro años y costaría US$5 millones.

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