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Después de años de postergar el viaje, Santiago Loza llegó a China con una cámara prestada y la consigna de volver con una película. De allí surgieron un documental, un diario y una obra literaria que comparten escenas, preguntas y materiales. El escritor y cineasta convierte el desplazamiento en una forma de pensar sobre la escritura, los vínculos y sí mismo.