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El precio del asado volvió a registrar una fuerte caída en las góndolas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, en un movimiento que modificó de manera significativa el mapa de precios de la carne vacuna en el norte de la Patagonia. De acuerdo con el último relevamiento elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el valor promedio del kilo de asado en los comercios minoristas de la región alcanzó durante julio los $13.490.

 

El dato adquiere especial relevancia por la magnitud de la baja. En términos nominales, el precio registró una caída del 18% respecto de junio, mientras que, al compararlo con el mismo mes del año anterior, todavía muestra una suba del 4%. Sin embargo, cuando se incorpora el efecto de la inflación y se analiza la evolución en términos reales, el retroceso es considerablemente mayor: supera el 20% en la comparación mensual y se aproxima al 30% en términos interanuales.

La magnitud de la reducción convierte a julio en uno de los meses con mayores bajas relativas en el precio del asado en góndola de la última década. Con el nuevo valor promedio, el tradicional corte vacuno regresó, en términos nominales, a niveles similares a los registrados en octubre del año pasado.

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El comportamiento también resulta llamativo cuando se expresa el precio en dólares, una referencia utilizada para aislar parcialmente el impacto de la inflación y observar la evolución real del valor del producto. Durante julio, el kilo de asado se comercializó en el Alto Valle a un promedio equivalente a 8,9 dólares. Se trata del segundo registro más bajo de los últimos diez años.

Un comportamiento diferente al resto de la Patagonia

La particularidad del fenómeno es que la fuerte reducción no se produjo de manera generalizada en todos los mercados patagónicos. Por el contrario, el Alto Valle de Río Negro y Neuquén fue la región donde se observó el retroceso más pronunciado.

Mientras el kilo de asado se ubicó en $13.490 en los comercios minoristas del Alto Valle, los valores promedio en otras zonas de la Patagonia fueron sustancialmente superiores. En las áreas cordilleranas del norte patagónico alcanzó los $16.490, mientras que en Santa Cruz llegó a $17.490. En Chubut y en el Valle Inferior, en tanto, el promedio se ubicó también en $16.490.

La diferencia evidencia un cambio importante en la estructura regional de precios. Durante años, los consumidores patagónicos afrontaron valores considerablemente superiores a los registrados en otras partes del país, situación que estuvo vinculada, entre otros factores, con las restricciones sanitarias que históricamente limitaron el ingreso de carne con hueso desde las zonas productoras ubicadas al norte del río Colorado.

Ahora, ese escenario comenzó a revertirse con rapidez.

El Alto Valle, 18% por debajo del promedio nacional

Los datos del INTA, complementados con las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), permiten dimensionar todavía mejor el cambio. Mientras el precio promedio del kilo de asado a nivel nacional cayó poco más del 1% durante julio, en los comercios del Alto Valle se produjo una caída en torno al 18%.

La diferencia entre ambos comportamientos llevó el precio regional a un nivel históricamente bajo frente al promedio nacional. Según los datos consolidados, el kilo de asado en Río Negro y Neuquén se encuentra alrededor de un 18% por debajo de la cotización promedio registrada en el conjunto del país.

Se trata de una situación prácticamente inversa a la que predominó durante buena parte de la última década. En numerosos períodos, el precio del asado en la Patagonia no solo superó el promedio nacional, sino que llegó a duplicarlo.

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El cambio, por lo tanto, no puede explicarse únicamente por una variación puntual en los precios minoristas. La evolución observada durante los últimos meses muestra una modificación estructural en las condiciones de abastecimiento del mercado regional.

La barrera sanitaria, en el centro de la explicación

Una de las principales variables para comprender el abrupto descenso es la flexibilización de la barrera sanitaria del río Colorado. La modificación permitió ampliar el ingreso de carne con hueso proveniente de las regiones productoras ubicadas al norte del país, incrementando la oferta disponible para los consumidores patagónicos.

La secuencia de los cambios regulatorios coincide con la evolución de los precios. Durante el primer trimestre del año pasado, el Gobierno nacional comenzó a anticipar modificaciones en el funcionamiento de la barrera sanitaria, una decisión que generó preocupación y expectativas dentro de la cadena ganadera regional.

Entre abril y junio se fueron definiendo los cambios y, a partir de julio, el ingreso de asado proveniente del norte del país pasó a realizarse sin las restricciones que históricamente habían limitado la oferta en la Patagonia.

El impacto sobre los precios fue progresivo, pero finalmente contundente. A medida que aumentó la disponibilidad de producto, los valores comenzaron a perder parte de la prima que tradicionalmente pagaban los consumidores de la región.

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En un mercado donde la oferta tiene una incidencia directa sobre las cotizaciones minoristas, la posibilidad de incorporar carne proveniente de otras zonas productoras generó mayor competencia entre proveedores y redujo la presión sobre los precios.

Más oferta en un contexto de baja producción

El dato adquiere todavía más relevancia porque la caída del precio del asado se produce en un contexto que, en principio, no presenta un escenario de abundancia de carne vacuna.

El mercado atraviesa niveles relativamente bajos de producción, como consecuencia de la reducción de la faena que se viene registrando desde hace varios meses tanto a nivel nacional como regional. Es decir, el descenso de los precios en el Alto Valle no estaría asociado exclusivamente a un fuerte incremento de la producción ganadera.

La explicación parece encontrarse, en buena medida, en la recomposición de los canales de abastecimiento y en la posibilidad de que el mercado regional reciba carne de otras zonas productoras.

Esto permite entender por qué el comportamiento del Alto Valle fue diferente al de otras regiones patagónicas. La apertura de una nueva fuente de abastecimiento tuvo un impacto especialmente fuerte en una zona donde los precios habían acumulado durante años un diferencial importante respecto del resto del país.

Qué puede pasar durante el segundo semestre

Pese al fuerte movimiento registrado en julio, el escenario hacia adelante no anticipa, al menos por ahora, nuevas modificaciones de magnitud en los precios de la carne vacuna.

Pueden existir variaciones estacionales propias del mercado, pero no prevé grandes oscilaciones durante lo que resta del segundo semestre. La combinación de una producción de carne que continúa en niveles bajos y un mercado regional que ahora cuenta con mayores posibilidades de abastecimiento genera condiciones diferentes a las que existían antes de la flexibilización de la barrera.

El nuevo escenario también plantea un interrogante sobre la permanencia del diferencial de precios alcanzado por el Alto Valle. Si la mayor oferta de carne con hueso desde el norte se mantiene, la región podría conservar durante los próximos meses valores inferiores a los promedios históricos patagónicos y, eventualmente, continuar por debajo de la referencia nacional.

Para los consumidores de Río Negro y Neuquén, el cambio representa una modificación sustancial después de años en los que comprar carne vacuna en la Patagonia implicaba afrontar un sobreprecio respecto de otras regiones del país.

El kilo de asado a $13.490 no solo constituye una referencia de precios más baja que la observada meses atrás. También funciona como indicador de un cambio profundo en la dinámica comercial de la carne vacuna en el norte patagónico.

La comparación con el resto del país permite dimensionar el fenómeno: mientras el precio nacional bajó 1% en julio, el Alto Valle registró una de las mayores caídas de la última década. La flexibilización de la barrera sanitaria, el ingreso de una mayor variedad de oferta y la competencia entre proveedores aparecen así como los principales factores detrás de un giro que llevó al asado patagónico desde una posición históricamente cara a ubicarse, por primera vez en mucho tiempo, por debajo del promedio nacional.

Autor: admin