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Un acuerdo que intenta acallar la discordia de gran parte de la población

El acuerdo que difundirá el Gobierno este miércoles es una muestra de la preocupación oficial por acallar la discordia de gran parte de la población. ¿Lo logrará? ¿Las condiciones que ofrece le permitirá llegar indemne a las elecciones? Sin duda, es una estrategia política riesgosa. No la hicieron hasta ahora porque invadidos por la omnipotencia, creyeron que estaba todo resuelto para continuar en el poder. Los ha sorprendido, de pronto, el resultado adverso de algunos sondeos de opinión objetivamente recogidos. Si antes no lo sabían era porque estaban sumidos en cuestiones de gestión y no escucharon el clamor de la gente.

Este acuerdo trata de acallar, además, las grandes inquietudes del radicalismo, que nunca participó del poder porque no lo dejaron actuar en la gestión. Ya hay reyertas internas en el partido centenario centradas en seguir sosteniendo a Cambiemos o cortarse solos, pese a su historia de drenaje constante de votos en cada elección presidencial. Frente a una posibilidad negativa de este socio el gobierno los ha invitado a integrarse y participar. Cambiemos se está jugando todo en esta partida.

 Los ha sorprendido, de pronto, el resultado adverso de algunos sondeos de opinión objetivamente recogidos. Si antes no lo sabían era porque estaban sumidos en cuestiones de gestión y no escucharon el clamor de la gente

Es cierto que todavía falta mucho para las elecciones y que pueden cambiar los escenarios y los protagonistas o candidatos, pero desde enero el país vive pendiente de todo ello, de las estadísticas (hoy se conocerá el dato de inflación de marzo), de la marcha del dólar, del dinero que le falta a las clases más desposeídas y a la clase media que estás conminada a postergar consumos que agradaban la vida, tradicionalmente hablando. Los controladores del Fondo Monetario lo saben desde siempre y este acuerdo tiene su anuencia. De lo contrario el Gobierno no actuaría con independencia total de los compromisos trazados con el organismo financiero. Son medidas aprobadas por el acreedor. Cambiemos ha venido advirtiendo que sólo busca moderar las expectativas (o la ansiedad ciudadana); serían medidas «adicionales» al programa económico, que fue el construido con el visto bueno del Fondo Monetario. Una ayuda al bolsillo, pero no un cambio substancial.

Dante Sica

Dante Sica

El «paquete» que se difundirá el miércoles, ha trascendido, tendrá varios ítems. En primer lugar sobresale un acuerdo de precios en 40 productos que mide el Indec y que integran la canasta básica de alimentos. En segundo término la devolución de hasta 2000 pesos por la compra en supermercados siempre y cuando sean concretadas con tarjetas del Banco Provincia. Más préstamos de poco monto para jubilados y una propuesta de AFIP para los morosos. En último término se les pedirá al sector financiero que saque dinero de las cajas y facilite créditos hoy inexistentes o a tasas descomunales para particulares o para empresas de escala pequeña o mediana. Habrá además la posibilidad de imponer un poco menos de retenciones a las exportaciones de todo tipo y color. En el área de las tarifas, la de gas no sería tocada hasta después de las elecciones, pero de las otras no se habla.

Lamentablemente los lanzamientos no resuelven los problemas de fondo. El gobierno cree dar tan sólo «un alivio». Dante Sica, ministro de la Producción ha dicho, con una mano en el pecho: «Aquí no se habla de un plan nuevo, se trata de medidas que se complementan con otras para ir aflojando la tensión».

 Aquí no se habla de un plan nuevo, se trata de medidas que se complementan con otras para ir aflojando la tensión (Dante Sica)

En un reportaje, el titular de Edenor, Ricardo Torres, reconoció que, efectivamente, las tarifas de su área subieron un montón, pero hasta ahora sólo recuperaron lo perdido por años de congelamiento populista del gobierno anterior. En última instancia, el costo de la luz no será tocado. Y hay otro montón de costos no considerados más la presión impositiva y la impavidez de los bancos ante el pedido de ayuda de sus clientes.

En medio de todas estas precarias propuestas, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, prometió que la reactivación económica llegará «lo más rápido posible». Pero bien se sabe y la historia de la humanidad y los siglos de los siglos vienen confirmando, más de lo que ocurrió en la Argentina, que los Acuerdos de Precios son frágiles, insostenibles mucho tiempo. Y que explotarían con la rapidez del rayo si los millones de dólares que ofreció el FMI para frenar la trepada del dólar son superados por la avidez de una sociedad acostumbrada a vivir en esquemas bimonetarios.

 Son medidas aprobadas por el acreedor. Cambiemos ha venido advirtiendo que sólo busca moderar las expectativas; serían medidas ‘adicionales’ al programa económico que fue el construido con el visto bueno del Fondo

Pero hay fenómenos que nos afligen y que necesitarían años para encontrarle remedio. La recesión sólo se atempera con consumo. Hay consumo si hay trabajo. La mitad de los trabajadores lo hacen «en negro», las plantas industriales o han suspendido el trabajo por semanas o bien no toman a ningún operario más. El gobierno de Macri ha sobrevolado este nudo gordiano, realista, cotidiano, le ha dado más importancia a la especulación financiera.

Con la inflación pasa lo mismo. Frenarla lleva tiempo, una sociedad decidida a cambiar (no lo ha demostrado hasta ahora), estructuras productivas sólidas y decisiones rígidas por parte de quienes manejan las variables financieras y productivas.

El «Acuerdo» sigue olvidándose de la infraestructura industrial del país, que se achicó un 50 por ciento en los últimos meses. Veremos cómo juega todo esto en el momento de emitir los votos.

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