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Murió el más grande y el pueblo argentino llora su dolor

Y el país se quebró. Como cada argentino que escuchó o leyó la noticia más triste que sacudió al país en los últimos años. Murió Diego Armando Maradona, el más grande de todos los tiempos. Murió el mismo día que Fidel Castro, cuyo rostro había grabado en su cuerpo.

«Cuando el pueblo llora que nadie pregunte nada», fue la frase que se acuño cuando murió Carlos Gardel, el 24 de junio de 1935.

La conmoción es mundial. También llora Nápoles y los principales diarios Italia y de todos los países rindieron homenaje al «cebollita argentino».

Fue un distinto. Fue especial. Dicen que inventó la pelota, la que no se mancha y el número 10 en la espalda de la camiseta de la selección nacional de fútbol tiene dueño eterno. Nos llevaste a lo más alto.

No sólo deslumbró en las canchas. Se plantó desde la pobreza de su niñez a los poderosos. Nunca renegó de su historia, de sus padres, de sus amigos del barro y los mocos colgando por el frío corriendo detrás de la pelota en un potrero de Villa Fiorito.

Fue el barrilete cósmico, al que le cortaron las piernas, el que pidió que «la sigan chupando», que colmó innumerables páginas de diarios y revistas con su insolencia y sinceridad. Jugó todas las cartas, pero conocía el paño y amaba su rebeldía.

Siempre fue de frente. Hablaba cara a cara. Jugó todas las cartas porque conocía el paño y a la gente

Gracias Diego. Hasta siempre.Hay silencio en las tribunas de todo el mundo.

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